Pedro Almodóvar: La piel que habito (2011)

Además de ser linda, fea o sensual, la piel es un hogar, un caparazón humano, algo que nos protege. Los rasgos (o la falta de ellos) cuentan nuestra historia en una manera única, a pesar de nuestra búsqueda colectiva de una piel impecable. Y sí, la belleza, la superficie, importa, no se puede negar. Cuando se desarrolla la trama de esta película, queda claro que no se puede cambiar la piel sin que cambie el interior también. Ambos dos están vinculados como dos gotas de agua.

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Estos pensamientos surgieron después de ver La piel que habito, la decimoctava película de Pedro Almodóvar. Es en parte thriller psicológico, en parte película de horror, en parte un drama. A diferencia de muchas de sus otras películas, esta no está protagonizada por una mujer, pero encontramos a la gran estrella Antonio Banderas. Aquí se reúne con su director favorito, haciendo uno de sus mejores roles hasta hoy día. Sin embargo, las mujeres tienen casi todos los otros roles, y además ellas son la causa por lo que pasa su personaje y explica por qué Roberto hace lo que hace, y por qué se comporta así. No hace falta mucho tiempo para que entendamos que algo está turbio. ¿Quién es esa mujer en el sótano de Roberto? ¿Por qué la tiene allí? En la casa hay pinturas de personas desnudas en cada cuarto, pintadas en estilos diversos. La piel está por todas partes.

 

La música, salvo unas escenas fundamentales de una boda, es exclusivamente clásica, reflejando el exquisito y exclusivo gusto de Roberto. Por lo general es inquietante, no le deja en paz al espectador: es literalmente un instrumento esencial para arrastrarte.

 

Quizás esta película sea la más estética de todas las obras de Pedro Almodóvar. La estética casi es un personaje en sí misma – los colores, las líneas y la simetría contribuyen a contar el relato, especialmente en la primera parte donde hay menos diálogo. Y, claro, eso no es aleatorio: el protagonista, Roberto, es un cirujano plástico. Él vive de la estética. Trabaja día y noche, sin parar, con una clínica en su sótano, produciendo y desarrollando una piel artificial. 

 

Los personajes están tan bien creados que te dan risa o pena desde los primeros minutos, y son destruidos tanto interiormente como por fuera, desesperadamente tratando de reparar ambos. ¿A quién amar, a quién odiar? Con escenas retrospectivas, conocemos a los protagonistas poco a poco, sus historias diferentes que se vinculan de una manera excelente.

 

La obra cuestiona las posibilidades que tiene el cuerpo humano. Esta también es una historia de bioética: ¿hasta qué punto deberíamos jugar con la biología? ¿O sea, debemos parar si podemos obliterar enfermedades y así mejorar vidas? La película plantea preguntas muy esenciales, y no es cierto que las respuestas existan.

 

Finalmente, esta es una historia de violencia, de muerte, de venganza y de la búsqueda de la justicia. Temas clásicos. Es una verdadera tragedia, muy inquietante, mostrándonos un hombre desesperado tratando de completar los círculos de su vida. Con todos sus juegos perturbadores, La piel que habito es un verdadero Frankenstein de nuestros días. Cuando la película termina de una manera abierta y brillante, te deja con la boca abierta y el corazón pulsando. Sólo queda hacer una cosa: verla de nuevo.

 

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Tags: Ñorsk, Pedro Almodóvar, La piel que habito, Under huden, Cine español, Spansk film, Spansktalende, Hispanohablante By Frida Fliflet
Published Apr. 28, 2020 11:22 AM - Last modified Mar. 25, 2021 1:55 PM