El Cid

Álvaro nos transporta al pasado para adentrarnos en el mundo de "El Cid",   la película de Hollywood que rindió  homenaje al heroe histórico y legendario español Rodrigo Díaz de Vivar. Con un reparto inolvidable encabezado por Sophia Loren y Charlton Heston, esta película es un clásico que no nos podemos perder.

HOLLYWOOD Y LAS PELÍCULAS DE ÉPICA

Allá por principios y mediados del siglo XX, las películas de caballeros eran mucho más populares en taquillas de todas las partes del mundo que hoy en día. Superproducciones como Robin Hood (1938) de Michael Curtiz y William Keighley o Los Caballeros de la Mesa Redonda (1953) de Richard Thorpe, fueron dos de las películas más aclamadas y vistas de
su época. Estos largometrajes fueron parte del salto a la gran pantalla de algunos de los textos más famosos y leídos, proviniendo estas dos películas mencionadas de la épica
británica tradicional.


El Cid (1961) es una de esas películas clásicas de las que seguramente muchos de nuestros
abuelos se acuerden de ver en la televisión hace unas décadas. No fue únicamente una de
las películas con mayor presupuesto de su época, sino que el reparto, con Charlton Heston
(Rodrigo) y Sophia Loren (Jimena) a la cabeza, reunía a la élite de Hollywood de por aquel
entonces.

En la película se habla de la vida del español Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como El
Cid Campeador, un héroe nacional que luchó contra los moros durante la reconquista.
Durante sus años de batallas, sirvió a varios señores de ambos bandos, se enamoró de
miembros de la nobleza y fue nombrado gobernador de la ciudad de Valencia. Es, de alguna
manera, la historia de un cruzado cristiano y de cómo las adversidades le hacen convertirse
en mercenario. Como no podría ser de otra manera, la película se rodó en las tierras altas
españolas (aparte de algunos minutos en terreno italiano y británico): unos paisajes
incomparables para la historia que Mann (por aquel entonces marido de la cantante
española Sara Montiel) pretendía contar.


No sólo fue una de las películas más aclamadas de su año, sino que reforzó el dominio del
legendario Charlton Heston sobre este género cinematográfico. Ya había trabajado la épica
y superproducción en varias ocasiones, como en Los Diez Mandamientos (1956) o Ben Hur
(1959), por la que ganó el Oscar al mejor actor. Quizás sea uno de los actores más icónicos
de este género, algo que últimamente es más y más cultivado hoy en día, con películas
como Dunkirk (2017), Robin Hood (2010) o Pearl Harbor (2001).

Todas estas películas mencionadas hasta ahora pueden parecer muy distintas entre sí,
especialmente teniendo en cuenta la diferencia cronológica de sus producciones, el
contraste entre sus presupuestos y el impacto que han tenido en las taquillas. Sin embargo,
tienen un factor en común que las agrupa: todas están basadas en historias y textos
tradicionales o eventos históricos bélicos. Robin Hood, WW2, escenas bíblicas... todos estos han sido víctima del afán de Hollywood de mostrar este tipo de narraciones en la gran pantalla. De estos, la versión original de El Cid de 1961 se basa en la historia de El Cid Campeador, algo importado desde España, lo que nunca ha sido común fuera de las fronteras peninsulares. Es, quizás, una de las razones por las cuales algunos ancianos estadounidenses de esa época pueden reconocer a España en el mapa. Algo sorprendente, ya que una gran cantidad de clásicos filmográficos se han rodado en nuestro país desde el inicio de la industria.Aparte de El Cid, películas como Lawrence de Arabia (1962), Doctor Zhivago (1965) o Reyde Reyes (1961) trajeron a equipos del más alto nivel a la península en busca de paisajes de antaño y una cultura no tan conocida en el otro lado del océano.

La historia de Rodrigo Díaz de Vivar no es sencilla y ha sido traducida a decenas de idiomas
y adaptada en diferentes libros, obras de teatro, películas y dibujos animados para niños. La leyenda es, quizás, la más famosa del folclore popular español y, como tal, mezcla detalles
de ficción entre los hechos y datos históricos. El origen de sus apodos es, sin embargo,
conocido: el mote de Campeador (experto en batallas campales) le fue dado por los
cristianos de su época, mientras que Cid (Sidi en árabe), que significa “señor”, fue un apodo
que le fue otorgado por respeto por parte de los musulmanes, ambos como temido
enemigo y valioso aliado. Aunque es considerado un héroe y símbolo nacional, hay lectores
que no conocen su verdadera historia: Rodrigo nació de una familia noble en Vivar, un pequeño pueblo de la provincia de Burgos, allá por 1043. Tras de años de servicio militar a los señores cristianos en época de la reconquista, ganó una fama sin precedentes entre ambos españoles y moros. Debido a trifulcas políticas tras la muerte de su rey, Sancho II, Rodrigo es exiliado en 1081. Durante este período, batalla y planea como estratega para ambos bandos hasta que el rey Alfonso VI, hermano de Sancho II, lo requiere debido a sus habilidades como guerrero. Rodrigo, sus dos espadas (la Tizona y la Colada) y su caballo Babieca, poco a poco van alejándose de la vida de soldado, ganando poder político al conquistar Valencia, convirtiéndose en señor de la ciudad. Se dice que nunca perdió batalla alguna y sólo dejó la capital mediterránea una vez muerto (1099), pero quizás sea parte de su leyenda. De hecho, Rodrigo Díaz de Vivar es tan importante culturalmente para la ciudad de Valencia y sus alrededores, que hay rutas turísticas y de peregrinaje por los lugares donde estuvo.

 

EL CANTAR DE MIO CID: LA RECONQUISTA EN PAPEL

La leyenda del Cid es algo medieval, de hace ya muchas centurias. Sin embargo, conocemos gran cantidad de detalles de su vida, sus campañas y amoríos... ¿Por qué?
Todas estas películas, libros e historias provienen del manuscrito de El Cantar de Mío Cid,
un cantar de gesta anónimo de unos 3735 versos que contienen de principio a fin la vida
de Rodrigo, explicando todo en detalle, aunque prestando más atención a los últimos años,
cuando ya había guerreado lo suficiente como para ser respetado. Sin embargo, no hay
consenso acerca de su fecha de escritura, pero se piensa que es alrededor del año 1200,
unos 100 años tras la muerte del Cid. La Real Academia de la Lengua Española (RAE) y los
científicos que han estudiado el códice creen estar seguros de tal fecha, pero piensan que
podría haber sido escrito a lo largo del siglo XIII. Esto puede dar a pensar que la leyenda
del soldado empezó tras su muerte y se transmitió oralmente de generación en generación,
hasta que fue escrito por primera vez, quizás alguna copia que haya sido perdida o
destruida a lo largo de los últimos ocho siglos.
Otro dato curioso es la falta de título, algo que, aunque no raro en esta época, tampoco es
común. El nombre por el cual conocemos a este documento proviene de unas citas dentro
de los versos 1085 y 2276: "Aquí compieça la gesta de mio Çid el de Bivar..." y "...las coplas
deste cantar aquís van acabando”. El manuscrito se conserva hoy en día en la Biblioteca Nacional de España, en una caja fuerte de donde únicamente ha salido una vez, ya que es considerado uno de los tesoros más preciados de su colección y, por consecuente, de los españoles. El documento está en un estado delicado, aunque estable, y consta de 74 hojas de pergamino grueso con algunas ilustraciones.

 

LAS TRIBULACIONES DEL CÓDICE Y MENÉNDEZ PIDAL

Aunque esta épica historia es más relevante que nunca, no siempre ha sido tan conocida
en nuestro país y más allá de nuestras fronteras. Hubo momentos en los que simplemente
fue un manuscrito más en la librería de algún palacio o biblioteca cualquiera, tiempos
durante los cuales pudieran haberse perdido algunos pasajes, ya que no está completo hoy
en día. Sin embargo, es en 1596 cuando empieza su historia en el archivo local de Vivar,
donde Rodrigo había nacido hacía más de 350 años. De ahí, cambió a manos de religiosos
en conventos, donde se perdería de nuevo hasta el siglo XIX, cuando el marqués de Pidal lo
adquirió para su colección personal. Gracias a esta adquisición, sería un miembro de la
familia, Ramón Menéndez Pidal (1869-1968), el que encontraría una de sus obsesiones
vitales y futuro objeto de investigación y escritura en él. Menéndez Pidal quizás sea, aparte del investigador arduo del códice que fue, uno de los filólogos más grandes de nuestra historia, siendo el creador de la escuela filológica española y uno de los miembros más eruditos de la Generación del 98 (uno de los únicos con un título de noble).


No sólo descifró el manuscrito y su español del medievo, sino que también lo transcribió y
adaptó personalmente en papel, lo estudió durante décadas y realizó su tesis doctoral
acerca de sus 74 pergaminos. Es él también quién se dio cuenta de que existe una firma
personal de Rodrigo Díaz de Vivar, considerada la única firma de un caballero y señor
español que ha llegado a nuestros días. Dicho garabato no se encuentra en el códice, debido a que Menéndez Pidal también estudió la gran mayoría de documentos de la época que pudieran contener información sobre el Campeador, consiguiendo así una
visión más completa de quién fue en su contexto sociocultural por aquel entonces, no sólo como soldado y cruzado a sueldo. El códice fue donado al Ministerio de Cultura en 1960,
donde fue estudiado científicamente más en detalle, algo a que los Pidal no tenían acceso por aquel entonces. Debido a estas investigaciones sabemos qué tipo de pergamino usó
el autor, en que clima se escribió, qué tipo de tinta fue usada o a qué se deben algunas de
las manchas que determinadas páginas tienen. Sin el trabajo de Menéndez Pidal es posible que nunca supiéramos la historia de Rodrigo y de cómo un mercenario de ambos lados dominó los campos de batalla españoles durante casi medio siglo.

 

LO POPULAR Y LO MEDIEVAL: AMOR A PRIMERA LECTURA

Quizás llevara razón Dámaso Alonso cuando dijo que “los españoles amamos el viejo
manuscrito”. Hay algo que nos atrae de estos antiguos códices e historias. ¿Añoranza?,
¿Retrospectiva?, ¿Entretenimiento?, quién sabe. Nuestra historia es tan compleja que no
para de darnos nuevas oportunidades de dar riendas a la imaginación y pensar acerca del
pasado: ¿Cómo habrían vestido los reyes católicos?, ¿fue la Inquisición tan brutal como
pensamos hoy en día?, ¿qué tipo de comida se hacía en casa en el día a día?
Todas estas preguntas encuentran respuesta (subjetiva generalmente), mayormente en la
gran cantidad de libros, series y películas que se basan en historias medievales. Novelas
como Sidi de Arturo Pérez-Reverte, Águila Roja de RTVE o Tirante el Blanco de Vicente
Aranda son producto de esta obsesión con el pasado que tenemos los españoles.

Cualquier tiempo pasado fue mejor... quizás sea exagerar, pero es cierto decir que cualquier tiempo pasado fue entretenido.

By Álvaro Chicote Machuca, Lucas N. Cariaga Vázquez
Published Feb. 26, 2021 12:03 PM - Last modified Mar. 25, 2021 1:47 PM