Inéditos de Karl Ove Knausgård I

María Agustina traduce algunos de los ensayos de Om året, obra que consta de cuatro tomos, uno por cada estación, y que todavía no han sido traducidos al español. 

Nuestra sección de traducción suma una estrella de la literatura mundial: el noruego propular y controvertido escritor noruego Karl Ove Knausgård.

Durante la cuarentena 2020, como colaboración para la revista argentina Hablar de Poesía, María Agustina tradujo ocho de los ensayos que conforman la enciclopedia Om året, obra que consta de cuatro tomos, cada uno de ellos dedicado a una de las estaciones del año: Om høsten, Om vinteren, Om våren og Om sommeren

Ninguno de los cuatro libros ha sido traducido al español, a pesar de que los derechos fueron vendidos a más de diez país, incluyendo España, en 2015, año en que se lanzó el primer volumen, dedicado al otoño.

En su publicación en papel, las traducción están acompañadas por un ensayo que introduce no sólo el autor y la obra en cuestión, prácticamente desonocida para lectores hispanoamericanos, sino que más bien se trata de un ensayo que aborda, por un lado, la labor de traducir a Knausgaar -como suele escribirse en español- y, por otro, la experiencia de atravesar las cuatro estaciones en Noruega. 

A partir de hoy, y como proyecto anual de Ulrica, vamos a ir publicando cada una de las traducciones, dejando el ensayo introductorio para el final. Y quien dice, por no, quizás esas ocho traducciones se transforman en nueve, diez, quince... ¡Esperamos que lo disfruten!

Invierno


El otoño es una transición, un tiempo para desprenderse de las cosas, de la luz en el cielo, del calor, de las hojas de los árboles y las plantas. Lo que sigue es el invierno, un estado en el que sólo la inmovilidad prevalece. La tierra se endurece, el agua se congela y la nieve cubre el suelo. Que algunas veces pensemos que el invierno podría ser personificado como un rey quizá se deba a esa sensación de que la inmovilidad es algo infligido, algo que viene de afuera, como si se impusiera el paisaje, lo mismo que una orden. El Rey Invierno, le llaman, y cuando pienso en él, no puedo evitar preguntarme qué relación tiene con esas otras metáforas de reyes, como el Rey Alcohol. Dos majestades apocalípticas, dos saqueadores del mundo, dos activistas de la inmovilidad.  El primero gobierna a gran escala, todos los países y reinos;  el otro, a algún que otro ser humano, aquí y allá.  Pero, ¿tienen realmente algo en común?  ¿No se supone que el Rey Alcohol gobierna la intoxicación y la vida sin límites? ¿No es acaso el gran monarca de la exaltación? Cuando la intoxicación llega a la sangre, ¿no es, entonces, cuando la luz se enciende en nuestro ojos y un calor interior nos suaviza los rasgos, sí, así, como si la vida también nos inundase por dentro, mientras que, en invierno, es el frío quien llega y su arribo, a diferencia del alcohol, detiene todos los movimientos y todos los procesos? Así parece, pero el Rey Alcohol es un ilusionista, la vida que de repente brilla en sus ojos es un engaño que se parece a la vida, pero no lo es, y de este modo sí se asemeja al invierno, que también es un escenario para eventos que simulan la vida. Cuando la luz del sol atraviesa un paisaje blanco en un día de invierno despejado y helado, y la nieve brilla hermosa y acogedora, en millones de partículas… O cuando la aurora boreal se arrastra a lo largo y ancho de la noche, es tal el contraste con la inmovilidad que reina sobre todo el resto del paisaje que resulta sencillo malinterpretar esos fenómenos como una expresión de lo vivo y de la vida. Sin embargo, la luz es fría, no despierta nada, no penetra en nada; lo que vemos es solo un reflejo. En muy pocos textos se describe la falta de vida del invierno con tanto horror como en La Divina Commedia de Dante, donde el noveno círculo del infierno es un inmenso lago cubierto de hielo, el Cócito, donde los muertos permanecen congelados con su cabeza  fuera de la superficie. No pueden moverse, hasta las lágrimas en sus ojos están inmóviles, heladas. Lo único que aún pueden mover es su propia boca. Pueden escupir sus maldiciones o expresar sus remordimientos, pero mientras no puedan ponerle el cuerpo a esas palabras, sus palabras no tienen valor alguno, no significan nada. Me hace pensar en los borrachos gritándole a la gente en la calle o confiando en un extraño en el banco de una plaza, porque aunque sus palabras puedan transmitir enojo, desesperación, alegría y sinceridad, no tienen ningún efecto, quedan atascadas ahí, en las calles. La embriaguez que les da alegría al mismo tiempo los mantiene cautivos.  Así recuerdo a mi padre en sus últimos años, atrapado en algo de lo que no podía escapar. Su invierno fue interminable, nevaba y el viento no soplaba sólo fuera de la casa en la que él estaba sentado, sino también dentro de ella y por todas partes. Así es como lo imagino. Con el viento soplando y la nieve cayendo en su dormitorio, en las escaleras, en la cocina, en el living. Que era invierno en su alma, era invierno en su mente, era invierno en su corazón.

 

    
Título original en noruego: Vinter
Incluido en Om vinteren


La intención de estas traducciones es educativa. Se trata de un trabajo de práctica en el contexto del aprendizaje del idioma noruego y fue impulsado y abordado por y desde la pasión personal y el amor por la literatura, sin ningún ánimo comercial ni de violación de derechos de autor. 

 

 

Tags: Traducciones, Karl Ove Knausgård By Maria Agustina Raimondo
Published Feb. 18, 2021 11:00 AM - Last modified Mar. 25, 2021 1:52 PM